domingo, 9 de agosto de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Hoy me dio una pájara.
Por un momento pensé que iba a morir como Roldán en el Pseudo Turpín, con las venas reventadas.
Así que ahí os quedais. Hubo un par de bajadas que valieron la pena. De esas de out of control.
Es curioso que tenga sólo la habilidad de bajar y no de subir.
Mmmmmmmm, me voy a reflexionar sobre ello.

domingo, 19 de julio de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.


Vuelvo después de largo tiempo.
El texto se lo dedico hoy a todos los lectores que no conozco, pero que sé que de vez en cuando miran a ver si me digné a escribir.
Las lagrímas de una humilde hoja dejan manchas oscuras en mi guante izquierdo. Llora desesperada entre ataques de autismo que marcan el compás de un baile premonitorio. Premoniciones que no tengo tiempo de ver mientras me arrastra la curva.
Sigo, tiemblo y veo espejismos. Borrosos. Y en los márgenes de mi tiempo veo pequeños puntos morados. Miles de puntos morados que no son más que rimas herejes entre flora cargada de veneno. Yo no soy un punto. Soy el jinete de un suspiro también morado que deja marcas geométricas entre el polvo. Marcas que no siguen una línea recta, renglones borrachos con interpretaciones herméticas.
Y los renglones paran al encontrase algo más duro que todo lo que puedan decir. Y se corta toda la línea. Y se amputa es esignificado. Y empiezan turbulencias que te agarrotan los dedos. Pero parar sería peor y un mayor descontrol. Qué habría al final de todo eso si parases? Puede que un cualquier desecho. Puede que cualquier lugar.

domingo, 29 de marzo de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Leves martilleos musicales marcan el ritmo.
Pequeños clics metálicos en la hebilla de mi Camelbak.
Somos tres metales. Aluminio, bronce y estaño, girando entre el sol
y la fauna del firmamento.
Cuelgas en sano ejemplo de mi cuerpo. Me vigilas
en la espesura herida de oros translúcidos.
No hay miedo. Es sólo cuestión de control y concentración.
No hay miedo.
Es dejarse llevar entre las fuerzas.
El elefante cayó del ratón y ató la cobra a su cintura. Con tranquilidad y sabiduría.
Para llevarla cerca y que no volviese a ocurrir.
Las escamas acaracian su piel en su
temple.
Sólo es ese gesto. Atarse la causa. Vivir con la causa. Ser uno con la causa. No hay nada más.
Ser compañero en humilde camino.
Y eso es lo que me enseñaste.
Y eso es lo que yo te enseño.

Vaciar la Sugestión.

lunes, 23 de febrero de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Buenas tardes, asiduos y selectos lectores de estos efímeros párrafos.

Hoy hablaré de la indignación. Una indignación que supongo que sentireis todos los que lean esto.

Bajo el alegre sol que nos bautizaba en su alegre luz, nos reunimos para visitar al verde materno. Decidimos que hoy tocaba Zapateira, y allá fuimos, a disfrutar del monte y de las bicis. Todo muy sano, como podeis observar. Después de un pequeño tramo nos encontramos con otro grupo de amigos y conocidos, que seguían el mismo camino. Y disfrutamos todos de la mutua presencia. Seguimos juntos un tiempo, hasta que el progreso nos detuvo. Qué paradójico!

Obras, piedra, montañas artificiales de cadáveres milenarios, huellas de mastodontes metálicos. Y ya no hay caminos que seguir en la construcción de esa vía. Otra paradoja, malita sea. Aquí, en este punto, comenzaron las vueltas para encontrar la herida del cercenamiento, y seguir pedaleando. Y no fueron pocas. Zanjas y enormes piedras impedían los accesos. Al final, cada grupo buscó su alternativa, y así nos separamos, buscando la ruta a seguir.

Nosotros encontramos la nuestra, y supongo que ellos la suya, pero lo que no vamos a encontrar es el camino que allí nos esperaba todos los domingos.

Después, ya volviendo al asfalto y a los monolitos de religiones de papel impreso, quisimos coger una bajada para llegar más rápido. Un atajo, vamos. Un bajada muy divertida, por cierto. Y también la encontramos destrozada. Talaron todos los árboles que pudieron, y eliminaron parte de nuestra diversión.

Sabeis todos a lo que me refiero, porque esto no es un caso aislado que pasó hoy por casualidades adversas. No. Sabeis que no. Yo, personalmente, creo que llegó la hora de la Revolución. Como cantaban los Jefferson. Hay que revolucionar.

Todos los usuarios que disfrutamos y cuidamos el monte, deberíamos unirnos y hacer que se nos viese. Hablo de ciclistas, motoristas, caminantes y otros curiosos espontáneos como estudiantes en celo. Ejemplo práctico para esto:
Cortar el tráfico todos juntos. Imaginaos eso, los ciclistas, gran masa de personas, y los motoristas, menos, pero protestando con sus motores. Sólo es cuestión de anunciarlo y presentarse en una vía céntrica. Quizás no arreglemos nada, pero no nos quitan la satisfacción de joder al sistema, el mismo sistema que nos jode el monte.

Y si viene la madera, a meter plato.

REVOLUCIÓN!

lunes, 16 de febrero de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Retorno, queridos amigos. Ya pasó, ya pasó. Se acabó la tormenta y todo tiene que volver a su debido lugar.

Volvieron las ruedas a los caminos.

Ayer, como ya hacía un laaaargo mes que la adrenalina no purgaba mi sucio y pecador cuerpo, de vuelta de una suave ruta, decidí tirarme en la bajada al hogar y esperar en su término. No era una bajada espectacular, pero bueno, sirvió para espabilar un poco. Tengo que decir que un tramo sí tenía su dificultad (muy relativa), porque estaba anegado completamente y la piedra estaba mojada. Nada que le importase a Specialized.
Así que me tiré desde una bajada cerca de Mesoiro hasta Castro de Elviña, hogar espirutual de este humilde hilador de vacías palabras. Es decir, mucho asfalto. Es lo que había, y tenía que disfrutarlo. Me puse al Jagger en los oídos, y all down the line.
Es conocida mi aversión y odio por la carretera. E sucia, desagradecida y anodina. Así que como buen reivindicador del espacio ciclista propio, me metí por la acera. Claro, domingo por la mañana. Mesoiro. Niños, niñas y otras alimañas en compañía de sus jóvenes y esperanzados padres. Y un loco en una bici morada. "Oh, Señor, aparta de mí este cáliz". Y todos los brazos rodearon a los pequeños y sucios cuerpos de sus hijos al entrar yo en su campo de visión saltando cosas (pequeñas).
Abnegados padres, YO tengo el control. YO fluyo con mi montura, existan niños o no en mi camino. YO sé lo que tengo que hacer, y como NO atropellarlos. Que no cunda el pánico! Maldita sea! No soy una bomba H! Cuánto más los abrazais, más estúpidos los volveis! Más estúpidos! LIBERTAD!
Pero nada, cesó la actividad en el campo de juegos. Censura de movimientos.
Miedo a la bici y al ciclista. Malditos proyectos de burgueses, no sabéis, desdichados, lo que yo estaba sintiendo. Ni vuestro miserable hijo, que se volvió miserable al traerlo a este miserable mundo, os lo daría.
NI VUESTRO MISERABLE HIJO.

Y para más escarnio, os diré una cosa, novatas familias ancladas en el conformismo del ladrillo, mi bici, que me da tanta alegría, no se defeca encima con una sonrisa que delata su malicia. Sois capaces de decir lo mismo de vuestras pequeñas bendiciones? Yo creo que NO.

domingo, 4 de enero de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.



Veo una difusa pupila azul, con un iris de negras ramas, desde donde estoy parado.
Escucho como caen algunas piedras, lento rastro de movimientos pasados, mientras un chirrido parpadeante lo acompaña. Aún gira, aún gira tu rueda.
Soy capaz también de ver mis pies, reposando, libres, en el suelo. Doloridas están las piernas, inertes en el camino, moteadas de polvo blanquecino.
Observo, en este aturdimiento, la extraña geometría de mi brazo, ahora con dos codos, que envía a mi cerebro, aún reiniciándose, olas de un dolor nunca sentido. Un dolor que no calma este jarabe que bebo de las fuentes de mis incisivos rotos, que yacen en tierra, semillas estériles de marfil.

Y la veo a ella, recostada, mirándome a poca distancia, muda como siempre, diciéndome: no lo conseguiste, y la culpa es solo tuya.
Cierto, cierto, no me puedo enfadar contigo, era yo quien en este desastroso frenesí te montaba. No tengo derecho a enfadarme.

Pero lo peor es tu triste estado, en el suelo,descuidado. Y cuando te recogen,alarmados, tú preguntas, loco desgraciado:
- ¿Está bien la bici no?

Este texto se lo dedico a mis queridos compañeros que siempre me vaticinan un agradable bautismo. Y A LOS HIJOS DE PERRA QUE NOS DESTROZAN EL MONTE.

(Eva, la foto tiene trampa. No me lo tengas en cuenta).