domingo, 16 de noviembre de 2008

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.




Buena y soleada tarde de domingo, mis pocos lectores. Empezaré esta semana por pedir disculpas por el abandono de esta sección dominical, mas problemas técnicos dejaron fuera de combate la herramienta que posibilita esta ínfima prosa.


Como compensación, hoy les ofreceré sesión doble.





1.-


La locura y la bicicleta.





Tiene que ser negativa la locura? No piensen en la respuesta, porque es NO.


Grandes compañeros y amigos de rueda, además que este proyecto de incógnitas hace su tiempo, cuando ven a alguien bajar como un maldito condenado al que le persigue el misimísimo diablo, dicen (y dije): - Este tío está loco, un buen día se va a dar una hos..., y ya verás como no vuelve a bajar así.





Mi opinión respecto a eso cambió radicalmente. Quizá tenga que ver que ahora me llamen a mí loco. Sí, seguramente sea eso. Ahora yo soy un loco de esos. Otro condenado al que le persigue Lucifer entre los rayos de luz que filtran los árboles entre la niebla de la mañana. Sí señorías, me volví loco. Y no es nada malo, y no es nada malo.





Hay una canción, una vieja canción del country, cantada por la que fue compañera del ángel caído, que dice:





Well I was born to run


To get ahead of the rest


And all that I wanted was to be the best


Just to feel free and be someone


I was born to be fast I was born to run





Nacer para correr y sentirse libre. Correr y ser el mejor. Nacer para ser rápido, nacer para correr. Esa es la filosofía del loco que baja los caminos prohibidos de las bicicletas cobardes. Y detrás de esa locura está el sentirse libre, la abstracción espiritual de aquellos textos primerizos.





Nadie puede negar que la libertad es un objetivo universal del humano. Nadie. El que lo niegue o rinde pleitesía a Dios o está muy resignado (condiciones respetables todas, queridos amigos). Esos locos buscan alivio (y por qué no, respeto), y lo encuentran explicitando esa locura que choca a veces en los caminos. ¿Qué mal puede existir en esa locura? Ninguno, todo lo contrario. El que se vuelva loco, aunque solo sea un instante, realmente será un ciclista, porque usará su montura para algo más que para lo físico.





Y para acabar este texto vacío de excelencias, comentemos lo que se suele decir de "Se va a dar la h... padre". Amigos míos, esta no es la filosofía que me inculcó mi maestro, pero en el camino también hay que aprender por uno mismo, por eso diré lo siguiente. Si algún día, en esos alegres arrebatos de locura, en los que te deslizas aullando como el animal que eres, el destino dicta que mi meta sea el duro suelo, no me arrepentiré, pediré más rock´n´roll, aunque lo pida escupiendo los dientes como pago a la tierra, porque de ahí nacieron hombres.



Y ahora, como ya hay quien dice de mí que soy poeta, angustioso sino ese, tendré que demostrar que no lo soy en el texto siguiente, aunque agradezca ese cumplido a la monarca de este oasis.

2.-

Por qué, pregunto, escoger la negra senda que se te presenta delante de los ojos. Por qué escoger el camino más ajeno y más oscuro, lleno de metales indómitos y salpicado de figuras blanquecinas?

No prefieres acaso entrar en la luminosa niebla que te atraviesa el pecho con dedos de hielo? No prefires esas caricias? No prefieres ver los orígenes? Tus propios orígenes? No lo prefieres a ir perfilando las escamas repugnantes de los límites fijos?

Abandona la exploración de las cicatrices mal curadas que aún piden su tributo de sangre. Deja que fluya solo lo que es suyo. Purifícate y saborea el sol que que resbala a tu sedienta boca en la auténtica vía. Permite que silbe el silencio acompañándote entre los brillos caídos del otoño. Deja que te bautice el barro primigenio en contactos fugaces.

Escupe en la negra senda que no lleva más que a su principio. Tus polos básicos han de ser equilbrados entre las eseñanzas telúricas del decapitado. Que el verde se transforme en rojo en tus brazos en señal de bienvenida.

Rechaza las lujuriosas curvas de largas avenidas y abraza la voluptuosa pureza del libre camino, de las vías prometidas.