lunes, 23 de febrero de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Buenas tardes, asiduos y selectos lectores de estos efímeros párrafos.

Hoy hablaré de la indignación. Una indignación que supongo que sentireis todos los que lean esto.

Bajo el alegre sol que nos bautizaba en su alegre luz, nos reunimos para visitar al verde materno. Decidimos que hoy tocaba Zapateira, y allá fuimos, a disfrutar del monte y de las bicis. Todo muy sano, como podeis observar. Después de un pequeño tramo nos encontramos con otro grupo de amigos y conocidos, que seguían el mismo camino. Y disfrutamos todos de la mutua presencia. Seguimos juntos un tiempo, hasta que el progreso nos detuvo. Qué paradójico!

Obras, piedra, montañas artificiales de cadáveres milenarios, huellas de mastodontes metálicos. Y ya no hay caminos que seguir en la construcción de esa vía. Otra paradoja, malita sea. Aquí, en este punto, comenzaron las vueltas para encontrar la herida del cercenamiento, y seguir pedaleando. Y no fueron pocas. Zanjas y enormes piedras impedían los accesos. Al final, cada grupo buscó su alternativa, y así nos separamos, buscando la ruta a seguir.

Nosotros encontramos la nuestra, y supongo que ellos la suya, pero lo que no vamos a encontrar es el camino que allí nos esperaba todos los domingos.

Después, ya volviendo al asfalto y a los monolitos de religiones de papel impreso, quisimos coger una bajada para llegar más rápido. Un atajo, vamos. Un bajada muy divertida, por cierto. Y también la encontramos destrozada. Talaron todos los árboles que pudieron, y eliminaron parte de nuestra diversión.

Sabeis todos a lo que me refiero, porque esto no es un caso aislado que pasó hoy por casualidades adversas. No. Sabeis que no. Yo, personalmente, creo que llegó la hora de la Revolución. Como cantaban los Jefferson. Hay que revolucionar.

Todos los usuarios que disfrutamos y cuidamos el monte, deberíamos unirnos y hacer que se nos viese. Hablo de ciclistas, motoristas, caminantes y otros curiosos espontáneos como estudiantes en celo. Ejemplo práctico para esto:
Cortar el tráfico todos juntos. Imaginaos eso, los ciclistas, gran masa de personas, y los motoristas, menos, pero protestando con sus motores. Sólo es cuestión de anunciarlo y presentarse en una vía céntrica. Quizás no arreglemos nada, pero no nos quitan la satisfacción de joder al sistema, el mismo sistema que nos jode el monte.

Y si viene la madera, a meter plato.

REVOLUCIÓN!

lunes, 16 de febrero de 2009

La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.

Retorno, queridos amigos. Ya pasó, ya pasó. Se acabó la tormenta y todo tiene que volver a su debido lugar.

Volvieron las ruedas a los caminos.

Ayer, como ya hacía un laaaargo mes que la adrenalina no purgaba mi sucio y pecador cuerpo, de vuelta de una suave ruta, decidí tirarme en la bajada al hogar y esperar en su término. No era una bajada espectacular, pero bueno, sirvió para espabilar un poco. Tengo que decir que un tramo sí tenía su dificultad (muy relativa), porque estaba anegado completamente y la piedra estaba mojada. Nada que le importase a Specialized.
Así que me tiré desde una bajada cerca de Mesoiro hasta Castro de Elviña, hogar espirutual de este humilde hilador de vacías palabras. Es decir, mucho asfalto. Es lo que había, y tenía que disfrutarlo. Me puse al Jagger en los oídos, y all down the line.
Es conocida mi aversión y odio por la carretera. E sucia, desagradecida y anodina. Así que como buen reivindicador del espacio ciclista propio, me metí por la acera. Claro, domingo por la mañana. Mesoiro. Niños, niñas y otras alimañas en compañía de sus jóvenes y esperanzados padres. Y un loco en una bici morada. "Oh, Señor, aparta de mí este cáliz". Y todos los brazos rodearon a los pequeños y sucios cuerpos de sus hijos al entrar yo en su campo de visión saltando cosas (pequeñas).
Abnegados padres, YO tengo el control. YO fluyo con mi montura, existan niños o no en mi camino. YO sé lo que tengo que hacer, y como NO atropellarlos. Que no cunda el pánico! Maldita sea! No soy una bomba H! Cuánto más los abrazais, más estúpidos los volveis! Más estúpidos! LIBERTAD!
Pero nada, cesó la actividad en el campo de juegos. Censura de movimientos.
Miedo a la bici y al ciclista. Malditos proyectos de burgueses, no sabéis, desdichados, lo que yo estaba sintiendo. Ni vuestro miserable hijo, que se volvió miserable al traerlo a este miserable mundo, os lo daría.
NI VUESTRO MISERABLE HIJO.

Y para más escarnio, os diré una cosa, novatas familias ancladas en el conformismo del ladrillo, mi bici, que me da tanta alegría, no se defeca encima con una sonrisa que delata su malicia. Sois capaces de decir lo mismo de vuestras pequeñas bendiciones? Yo creo que NO.