Buenas tardes, asiduos y selectos lectores de estos efímeros párrafos.
Hoy hablaré de la indignación. Una indignación que supongo que sentireis todos los que lean esto.
Bajo el alegre sol que nos bautizaba en su alegre luz, nos reunimos para visitar al verde materno. Decidimos que hoy tocaba Zapateira, y allá fuimos, a disfrutar del monte y de las bicis. Todo muy sano, como podeis observar. Después de un pequeño tramo nos encontramos con otro grupo de amigos y conocidos, que seguían el mismo camino. Y disfrutamos todos de la mutua presencia. Seguimos juntos un tiempo, hasta que el progreso nos detuvo. Qué paradójico!
Obras, piedra, montañas artificiales de cadáveres milenarios, huellas de mastodontes metálicos. Y ya no hay caminos que seguir en la construcción de esa vía. Otra paradoja, malita sea. Aquí, en este punto, comenzaron las vueltas para encontrar la herida del cercenamiento, y seguir pedaleando. Y no fueron pocas. Zanjas y enormes piedras impedían los accesos. Al final, cada grupo buscó su alternativa, y así nos separamos, buscando la ruta a seguir.
Nosotros encontramos la nuestra, y supongo que ellos la suya, pero lo que no vamos a encontrar es el camino que allí nos esperaba todos los domingos.
Después, ya volviendo al asfalto y a los monolitos de religiones de papel impreso, quisimos coger una bajada para llegar más rápido. Un atajo, vamos. Un bajada muy divertida, por cierto. Y también la encontramos destrozada. Talaron todos los árboles que pudieron, y eliminaron parte de nuestra diversión.
Sabeis todos a lo que me refiero, porque esto no es un caso aislado que pasó hoy por casualidades adversas. No. Sabeis que no. Yo, personalmente, creo que llegó la hora de la Revolución. Como cantaban los Jefferson. Hay que revolucionar.
Todos los usuarios que disfrutamos y cuidamos el monte, deberíamos unirnos y hacer que se nos viese. Hablo de ciclistas, motoristas, caminantes y otros curiosos espontáneos como estudiantes en celo. Ejemplo práctico para esto:
Cortar el tráfico todos juntos. Imaginaos eso, los ciclistas, gran masa de personas, y los motoristas, menos, pero protestando con sus motores. Sólo es cuestión de anunciarlo y presentarse en una vía céntrica. Quizás no arreglemos nada, pero no nos quitan la satisfacción de joder al sistema, el mismo sistema que nos jode el monte.
Y si viene la madera, a meter plato.
REVOLUCIÓN!
lunes, 23 de febrero de 2009
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