
EL CANGUELO.
Primero de todo, mis queridos lectores, disculpen el vulgar término con el que titulo la entrada de esta semana. Pero es un término usado en las ocasiones que voy a describir a continuación.
La bicicleta, como culaquier otro deporte, es una práctica evolutiva, siempre aprendes y cada vez que sales vuelves un poco más valiente en los caminos. Pero para ser más valiente hay que partir del miedo y de la duda.
Yo, humilde escritor de prosas baratas y pésimo ciclista, siempre trato de subir o bajar más rápido los caminos que conozco (y los que destapan mi anonimato se acordarán de ese alegre tramo de A Zapateira que tanto gusto de rodar). Y cada vez que pasas por una bajada, a la siguiente vas a bajar más rápido. Todo el mundo experimentó estó alguna vez. Pero que pasa cuándo desvirgas un camino? Pues una de las opciones es que aparezca el CANGUELO. Malo, malo.
Hoy en nuestra ruta, que nos ofrecía caminos nuevos, dimos a parar con un descenso. No era un descenso difícil, no tenía mucha piedra ni raíces, había un par de puntos que ofrecían alguna relativa dificultad, pero nada que no se pudiese intentar con nuestras bicis de XC, como una curva cerrada entre dos árboles. Lo que sí tenía la bajada es que era muy empinada, y había que echar el culo afuera para no besar nuestra amada tierra. El primer tramo empinado acababa con la curva cerrada que mencioné antes, después camino normal y un mini-repecho, que no dejaba ver lo que atrás escondía.
La sorpresa que nos dio fue una bajada de tierra bastante polvorienta (buena para derrapar dando espectáculo), pero una bajada con un desnivel que decías:
-Su p... madre.
Allí, queridos lectores, apareció el CANGUELO, maldito demonio.
Y a allí me encontraba yo, novato pecador, en la cima de la bajada, dudando como un celoso. Y me decía a mí mismo, la bajo o no es empinada ya lo sé pero es empinada maldita sea si es empinada per no es difícil hombre que no hay piedras ni nada tírate y el culo p´afuera venga échaselos que vas a quedar como el paquete que eres maldito sea demonio que hizo esta bajada bueno venga pues p´abajo. Cagón.
Sí, mis lectores, la bajé, la bajé, pero a pie y la bici en la mano. Lo que hace el CANGUELO. Después, cunado pasó ese tramo y monté otra vez hasta donde acababa el camino y paré, me arrepentí profundamente de no haberla bajado, aunque la bajase haciendo eses. Maldita sea, lo que hace el CANGUELO. Me quedé con mal sabor de boca, y pensando en que no monté cuando debía.
Pero volveré, y no me asaltará el demonio del CANGUELO, y bajaré aquello aunque tenga que caerme mil veces y subir otras mil para bajarlo.
Doy mi palabra de que lo haré.
Y el que diga que nunca fue poseído por este malvado demonio del que hablo, no es más que un vanidoso mentiroso.