Día de la bici.
Siempre es agradable rodar la vieja ciudad una vez al año, acariciar su anquilosada piel, y enseñarle que aún le quedan buenos amantes que no la presentan como una sucia vieja.
Siempre es agradable que te agradezca no toserle plomo en la cara con brisas que empujan tus ruedas, entre reflejos azules y chispas de luz.
Siempre es agradable ver resucitar a las viejas bicis, que aún pueden aguantar más que las articulaciones de sus dueños. Verlas presumir de cromados que les tatúan líneas en movimiento. Siempre es agradable escuchar sus nulas quejas.
Sí, siempre es agradable sentir el latido de los bujes que acelera al compás del tuyo, flotando cuesta abajo en el largo esfalto. Notar como moldeas el aire con los radios.
Y siempre es agradable poder ver como el desviador le hace carantoñas a la cadena, dicíendole, "más arriba, más arriba!". Y oir ese preciso click que hace Campagnolo al responder a tu petición de más giro para volver a casa.
Sí, siempre es agradable recorrer este generoso útero de asfalto, y ver que le gusta.
Sí, siempre es agradable.
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