lunes, 29 de septiembre de 2008
domingo, 28 de septiembre de 2008
La tarde del domingo. Impresiones del ciclista anónimo.
La bicicleta, terapia y abstracción.
Cuando la vida raja salvajemente por dentro, el ser humano busca bálsamos para el dolor. Unos se refugian en dioses, otros en medicamentos sin receta, otros en el revólver.
Otros encuentran su consuelo en la bicicleta. Pero ese consuelo no consiste solo en montar en la bicicleta. En mis humildes impresiones hay un momento en las rutas en que encuentras una abstraccón mental totalmente terapéutica. A ese momento yo lo llamo el "Nirvana ciclista".
El Nirvana ciclista llega en las bajadas. No en bajadas de pista fáciles, sino en bajadas pedregosas, difíciles, que te exigen ser bueno, no por apariencias, sino por tu propia integridad física. En ese tipo de bajadas llega un momento en que únicamente existen el manillar, tú, y el camino. Y nada más. Ni problemas, ni agobios, ni recuerdos, sólo esas tres cosas. Obviamente no se es consciente del Nirvana en el momento, sino después, cuando piensas en lo que disfrutaste bajando. La mayoría de las veces ese bienestar del bajar está basado en el olvido de la presión cotidiana.
En ese sentido es que la bici es terapéutica, porque en malos momentos puede hacer que olvides, que te abstraigas. Lo único malo de esto es que los momentos de Nirvana son muy fugaces, y solo pueden ofrecer ese isntante de alivio, lo que hace que deseras seguir bajando, bajando, bajando, bajando...
Pero nunca pierdes de vista que después de bajar, tienes que volver a subir, con el esfuerzo que eso conlleva.
Este texto va dedicado a Eva Castro, por ser como es, buena gente y buena amiga. Que le vaya bien en su operación.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Dia de la bici
Ya sabemos que el dia de la Bici es el dia 5 de Octubre, evento organizado por Radio Voz.
Más información en breve.
Más información en breve.
domingo, 21 de septiembre de 2008
La tarde del domigo. Impresiones del ciclista anónimo.
Siento pesadas las piernas mientras escribo esto.
Está sonando Can´t you hear me knocking en el tocadiscos, y mi dedo se mueve a ritmo de blues intentando exiliar de mi piel las púas de la maleza, los recuerdos del camino.
Sí siento pesadas las piernas, y tengo los brazos cansados. Eso significa que la ruta de hoy valió la pena. Esos dos síntomas del cansancio no significan nada ahora mismo después de los momentos que los causaron. No me importa que me pesen las piernas si vencí a la trialera húmeda y voluptuosa que me desafió esta mañana. Tampoco me importa que tenga los brazos cansados si ese agarrotamiento se debe a que los músculos marcaron su forma al apretar el manillar y mantener la bici estable en esas bajadas de piedra suelta, que tensan tu equilibrio y te llevan a la concentración budista. Ese traqueteo que insulta a la precisión de cualquier freno y que se ríe de los recorridos de los amortiguadores gana por mucho al cansancio de mis brazos.
Realmente no me importa mi cansancio, no me quejo, todo lo contrario, lo agradezco, porque este cansancio está rememorando las sensaciones que produce la mountain bike, y me hace recordar la ruta de hoy.
Noto las piernas pesadas y los brazos cansados, aún suena el rock´n´roll por la cara B.
Maldita sea, qué ganas tengo de volver a montar en mi exhalación de aluminio.
Está sonando Can´t you hear me knocking en el tocadiscos, y mi dedo se mueve a ritmo de blues intentando exiliar de mi piel las púas de la maleza, los recuerdos del camino.
Sí siento pesadas las piernas, y tengo los brazos cansados. Eso significa que la ruta de hoy valió la pena. Esos dos síntomas del cansancio no significan nada ahora mismo después de los momentos que los causaron. No me importa que me pesen las piernas si vencí a la trialera húmeda y voluptuosa que me desafió esta mañana. Tampoco me importa que tenga los brazos cansados si ese agarrotamiento se debe a que los músculos marcaron su forma al apretar el manillar y mantener la bici estable en esas bajadas de piedra suelta, que tensan tu equilibrio y te llevan a la concentración budista. Ese traqueteo que insulta a la precisión de cualquier freno y que se ríe de los recorridos de los amortiguadores gana por mucho al cansancio de mis brazos.
Realmente no me importa mi cansancio, no me quejo, todo lo contrario, lo agradezco, porque este cansancio está rememorando las sensaciones que produce la mountain bike, y me hace recordar la ruta de hoy.
Noto las piernas pesadas y los brazos cansados, aún suena el rock´n´roll por la cara B.
Maldita sea, qué ganas tengo de volver a montar en mi exhalación de aluminio.
martes, 16 de septiembre de 2008
Quintena Blog
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