domingo, 21 de septiembre de 2008

La tarde del domigo. Impresiones del ciclista anónimo.

Siento pesadas las piernas mientras escribo esto.

Está sonando Can´t you hear me knocking en el tocadiscos, y mi dedo se mueve a ritmo de blues intentando exiliar de mi piel las púas de la maleza, los recuerdos del camino.

Sí siento pesadas las piernas, y tengo los brazos cansados. Eso significa que la ruta de hoy valió la pena. Esos dos síntomas del cansancio no significan nada ahora mismo después de los momentos que los causaron. No me importa que me pesen las piernas si vencí a la trialera húmeda y voluptuosa que me desafió esta mañana. Tampoco me importa que tenga los brazos cansados si ese agarrotamiento se debe a que los músculos marcaron su forma al apretar el manillar y mantener la bici estable en esas bajadas de piedra suelta, que tensan tu equilibrio y te llevan a la concentración budista. Ese traqueteo que insulta a la precisión de cualquier freno y que se ríe de los recorridos de los amortiguadores gana por mucho al cansancio de mis brazos.

Realmente no me importa mi cansancio, no me quejo, todo lo contrario, lo agradezco, porque este cansancio está rememorando las sensaciones que produce la mountain bike, y me hace recordar la ruta de hoy.

Noto las piernas pesadas y los brazos cansados, aún suena el rock´n´roll por la cara B.

Maldita sea, qué ganas tengo de volver a montar en mi exhalación de aluminio.

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