
Vuelvo después de largo tiempo.
El texto se lo dedico hoy a todos los lectores que no conozco, pero que sé que de vez en cuando miran a ver si me digné a escribir.
Las lagrímas de una humilde hoja dejan manchas oscuras en mi guante izquierdo. Llora desesperada entre ataques de autismo que marcan el compás de un baile premonitorio. Premoniciones que no tengo tiempo de ver mientras me arrastra la curva.
Sigo, tiemblo y veo espejismos. Borrosos. Y en los márgenes de mi tiempo veo pequeños puntos morados. Miles de puntos morados que no son más que rimas herejes entre flora cargada de veneno. Yo no soy un punto. Soy el jinete de un suspiro también morado que deja marcas geométricas entre el polvo. Marcas que no siguen una línea recta, renglones borrachos con interpretaciones herméticas.
Y los renglones paran al encontrase algo más duro que todo lo que puedan decir. Y se corta toda la línea. Y se amputa es esignificado. Y empiezan turbulencias que te agarrotan los dedos. Pero parar sería peor y un mayor descontrol. Qué habría al final de todo eso si parases? Puede que un cualquier desecho. Puede que cualquier lugar.